Son dos años ya sin la Negra- me dijo mi madre con tristeza. Dos años ya, pensé, no puede ser, si ella me canta siempre. La piel se me escarapela al escucharla, se me alegra el corazón cuando la canto, imposible, la Negra sigue viva, la Negra es eterna… y con ella, sus canciones…

Gracias, Negrita, por todo, volverás “repartida en el aire a cantar… siempre”.

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Liniers

No hay palabras para describir lo que esta canción me hace sentir. Con la Negra, eso suele ser frecuente.

De Pancho Cabral Ay, este azul

No pretendía que este blog estuviese dedicado por entero al tema del aborto, pero coyunturalmente ha sido inevitable. Aún no escribo nada “propio” sobre el tema, y este post no es la excepción.

Navegando por ahí, por allá, encontré una entrevista muy buena que le hiciera Martín Caparrós a Mercedes Sosa, en la que se refiere, entre varios temas, al aborto:

[…] Y ahora uno de los problemas más terribles es la hipocresía que hay sobre el aborto.

Mercedes Sosa siempre habla muy intenso, con la mirada perdida en algún punto más allá, distante, y esa voz de la tierra. Pero ahora que se acuerda del aborto se exalta, se encocora:

–Yo sé que el aborto es tremendo. Yo he hecho abortos. Después que tuve a mi hijo, el Fabián, tuve que hacer un aborto porque tenía una enfermedad que cuando me quedé embarazada me mareaba, veía triple, no podía pararme: me sentía muy mal. Y me tuve que hacer un aborto, y el dolor ahí abajo es tremendo, es como si hubieras parido pero encima te vas sin el hijo. Yo no me acuerdo que me haya dolido tanto cuando tuve a mi hijo. Entonces tenés que hacer un aborto, te sentís una puta, y encima te tratan como a una bestia. Esos dolores me han golpeado, toda la vida. Ver el sufrimiento de una madre tan jovencita… ¿Cómo va a poder criar el hijo sin el compañero, si ya con el compañero es tan difícil…? La vida de la mujer realmente es tremenda.

Dice Mercedes Sosa, y llora. Despacio, sin alardes: un par de lágrimas que se le escurren bajo los lentes coloreados. Pero no se calla:

–Por eso yo les dije a los de la Unicef: yo voy a hablar por los niños, pero también voy a decir que estoy a favor del aborto. El aborto cuidado por médicos y por anestesistas, no con una tipa que te maltrata y te mete fierros ahí adentro y te arranca todo de cuajo…

Dice, y se agarra con las manos el vientre, como quien se protege. Es difícil decirle nada, y es difícil callarse.

–Y encima a estos Estados les encanta llevar la voz del Papa, que dice que el aborto está mal. El aborto está mal porque es doloroso, es tremendo. Entonces el Estado lo que debe hacer es cuidar la salud de las chicas jóvenes, darles las píldoras; eso tiene que ser obligatorio en los hospitales. Y hay que explicarle a las madres que se dejen de joder pensando que tienen una hija virgen toda la vida. La sociedad es pacata, hipócrita de mierda… No saber que su hija a los 15 años puede enamorarse y hacer el amor y quedar embarazada es creer que su hija es una santa. Y no hay santas: hay hijas que han nacido del útero de una madre. Es difícil decirle esto a las mamás, y encima a mí me ven cómo santa Mercedes, no se por qué; yo no soy ninguna santa, y les quiero decir que les enseñen a sus hijas a cuidarse, a tomar la pastilla. La gente que tiene dinero se hace abortos que no duelen tanto, aunque igual duelen terriblemente. Pero imagínate esas chiquitas pobres, solas, que caen en las manos de cualquiera… Por eso el Estado tiene que intervenir, y por eso, por supuesto que yo siempre voy a estar en contra de esas injusticias contra las mujeres, contra todos nosotros.

Una charla íntima entre Mercedes Sosa y Martín Caparrós

Estoy cansada de aquellas opiniones dogmáticas en las que la fe es la última palabra porque diosito lindo nos dijo que matar es malo y Él nunca se equivoca. Recuerdo también la frase de un amigo que me decía “solo las mujeres que han tenido hijos tienen derecho a hablar del aborto”. No entiendo bien del todo su posición. Entonces, ¿una niña de 13, violada y embarazada, no puede decir nada porque simplemente aún no es madre?

A pesar de lo contradictorio de su opinión, no deja de recordarme lo que para todos es tan evidente y nadie cuestiona: ¿Quién sí tiene derecho a opinar en el tema del aborto? Lo que en realidad se traduce a, ¿quién tiene facultad de decidir (y sobre quién)?

Con su ya conocida postura paternalista, la Iglesia nos dice que la mujer no puede decidir. Algo similar nos contesta la jurisprudencia (solo recordemos a Marcial Rubio); y por completo se ignora así la crudeza de lo concreto: las mujeres que en miles experimentan la dolorosa experiencia de someterse a un aborto. ¿Acaso se escuchan sus voces en el debate, en la televisión, en las radios? Para la Iglesia son pecadoras; para las leyes son delincuentes, ¿ellas qué nos tienen que decir?

Es por eso que esta entrevista a Mercedes Sosa es tan valiosa. Ella no habla por el otro, es el otro cobrando voz. Habla la pecadora, habla la delincuente, y expresa su dolor y la injusticia que se esconde detrás de la penalización del aborto.

Así como ella, otras mujeres ya alzaron su voz, desde Simone de Beauvoir, junto a las 300, hasta las mujeres que en internet encuentran su mudo confesor.

Grande, Negra.