Era domingo y no tenía que ir al colegio, sin embargo, ya entraba mi madre muy tempranito a despertarnos. Era imposible no hacerlo, la música sonaba fuerte, retumbando en todas las habitaciones. Era música muy hermosa, con canciones distintas a todo; hablaban de la rebeldía del pueblo, de la indignación contra las injusticias, de América Latina unida.

Yo no entendía muy bien, era aún muy pequeña. Mi madre me iba explicando con paciencia quién era Alfonsina; por qué le mataron su mulita a Cafrune, por qué los Pueblos Tristes de la Negra dolían tanto, y por qué Violeta quería tanto Volver a los 17. Así conocí tan pequeña al Nuevo Cancionero, y a la Música de Protesta Latinoamericana.

Todas esas voces se volvieron pronto voces muy queridas, voces rebeldes que admiré muchísimo; pero entre todas una se destacaba para mí, y era la voz de la Negra Mercedes Sosa. No entiendo aún muy bien qué es, hay algo en la sencillez de su voz, en su fuerza y calidez, en su honestidad para cantar las injusticias sin disfrazarlas, la manera tan hermosa en que hacía suya las voces de toda Latinoamérica.

Recuerdo aún cantarle a la luna “Pueblos Tristes”, con mi madre y mi hermana abrazadas. Me aferro hoy a esos recuerdos con tanto cariño. Fue una infancia tan feliz, tuve mucha, mucha suerte. Y la voz de la Negra siempre está ahí, atada a esos recuerdos felices, de mi madre, de mi hermana. De los domingos en casa, almorzando ensaladas, hablando de todo y cantándole a la luna mientras caminábamos abrazadas en la noche.

Recuerdo también que cuando crecí, cuando ingresé a Ciencias Sociales, todo ese cancionero tomó un nuevo sentido. Fue increíble reencontrarme con la Negra y darme cuenta que su canto tiene aún tanta vigencia. No solo por la política de nuestra América Latina, tan amenazada nuevamente por autoritarismos disfrazados, sino por la necesidad de amar a la vida, de cantar con el corazón en la mano, de buscar (nuevos)ideales.

El domingo que pasó fue muy triste para mí. ¡Qué ironía que el mismo día que vio nacer a Violeta Parra viera extinguirse la vida de Mercedes Sosa! Lloré, lloré como niña, lo sentí tanto, tanto. Lamento muchísimo no haberla visto nunca en vivo. Pero, más allá de la figura internacional, me sorprende como su muerte me pudo haber afectado tanto -y haber afectado a tantos-, tengo la certeza de que el vacío tan grande que nos deja no será llenado nunca por nadie más, pero nos queda su recuerdo, y la lucha pendiente por mejorar este mundo que puede ser por momentos tan terrible.

Volveré siempre a Mercedes Sosa, a sus canciones, a sus ganas de no callar hasta ver las injusticias derrotadas. No puedo negar que al mirar su trajín me siento pequeña, de acciones sin eco, pero es que, comparada con la negra, cualquiera se achica. Pero, ahí radica lo importante de su ejemplo, te empuja, nos empuja a cuestionarnos, a reflexionar, a hacer y no callar.

Gracias, Negra, y como dijo el gran León Gieco, ¡BIENVENIDA A LA ETERNIDAD!

Negra

blog comments powered by Disqus